Tal vez fue La escena del jardín Roundhay (1888) de Louis Le Prince, o quizás los cortometrajes clásicos de los hermanos Lumière, los causantes de un fenómeno que dominaría el entretenimiento mundial. Hablamos del arte de contar historias fragmentadas a través de la ilusión de una imagen continua. Eso es el cine. Una técnica avanzada de storytelling que, en el fondo, mantiene la modalidad básica de la comunicación humana: alguien contándole algo a otra persona, pero llevado al nivel más artístico posible.
Sin embargo, no estamos aquí para hablar de la historia académica del cine (no porque no sea interesante), sino de esos datos específicos que hicieron historia por sí mismos. Porque en Hollywood no todo son alfombras rojas y presupuestos desproporcionados. Lejos de los focos, tus clásicos favoritos se construyeron a base de improvisaciones, secretos legales y soluciones casera que pocos se atreven a contar.
Prepárate, porque aquí te traemos siete curiosidades de alto vuelo que revelan el verdadero ingenio del cine retro. Comencemos.
Un pato parlante: el origen de Pixar
A mediados de los años 80, George Lucas se encontraba buscando capital para financiar su gran sueño de infraestructura cinematográfica, el Skywalker Ranch. Para lograrlo, decidió apostar por un proyecto muy ambicioso: Howard the Duck (1986), la adaptación cinematográfica del cómic satírico de Marvel. La producción fue una verdadera pionera técnica, combinando animatrónica compleja y efectos visuales de vanguardia que elevaron el presupuesto a más de 37 millones de dólares. Sin embargo, el público de la época no terminó de conectar con la propuesta y la recaudación apenas alcanzó a cubrir la mitad de lo invertido.
Ante este panorama y con la necesidad de equilibrar las cuentas de Lucasfilm, George Lucas tomó la decisión estratégica de desprenderse de su división de tecnología y gráficos por computadora (Lucasfilm Computer Graphics Group), un área que en ese momento se consideraba un lujo secundario.
Fue en febrero de 1986 cuando Steve Jobs, quien se encontraba buscando nuevos horizontes tras su salida de Apple, vio el enorme potencial de este equipo. Jobs adquirió la división por 5 millones de dólares e inyectó otros 5 millones para impulsar su crecimiento, rebautizándola con el nombre que hoy todos conocemos como Pixar. Al final del día, sin las particulares circunstancias que rodearon a aquel pato alienígena, Lucas no habría vendido esa división y la historia de la animación digital hoy sería una muy distinta. Por eso, bien podríamos decir que no hay pato que por bien no venga.
¿Es Michael Myers… o el Capitán Kirk?
Cuando piensas en Halloween (1978), es probable que lo primero que se te venga a la mente sea el nombre de Michael Myers (bueno, tal vez pienses en Jamie Lee Curtis, algo que podemos entender). Curiosamente, el aspecto tan característico de uno de los asesinos más temibles de la historia del cine de terror no fue el resultado de un meticuloso trabajo de diseño de un gran estudio. Al contrario, surgió de lo que, como diríamos en Argentina, un auténtico “lo atamos con alambre”.
Aunque se han hecho grandes éxitos con muy recursos, para una película de Hollywood contar con un presupuesto de apenas 300 mil dólares es una cifra sumamente ajustada. Esto obligaba al equipo a ingeniárselas para ahorrar hasta en el más mínimo detalle, inclusive en utilería. Bajo esta premisa, el diseñador de producción Tommy Lee Wallace fue enviado a una tienda de disfraces en Hollywood Boulevard con la misión de encontrar una máscara barata. Su elección fue una máscara de látex del Capitán Kirk de Star Trek, fabricada por la empresa Don Post Studios, por el precio exacto de 1.98 dólares. Como era un producto oficial, el accesorio estaba moldeado directamente sobre los rasgos físicos del actor William Shatner.
De vuelta en el set, Wallace tuvo que reinventar el accesorio y convertir al héroe espacial en un rostro digno de temer. Para lograrlo, realizó tres modificaciones clave de forma muy artesanal: con unas tijeras agrandó los agujeros de los ojos, eliminó las patillas de látex texturizado y pintó la superficie por completo con aerosol blanco mate. A partir de ese momento, ese rostro improvisado pasó a la historia de la cultura pop. De hecho, el propio Shatner confesó años después que pasó mucho tiempo sin saber que su propia cara era la que aterrorizaba a millones de personas en los cines.
Volver a… la mesa de edición
Si mencionamos a Eric Stoltz, es muy probable que lo asocies rápidamente como el actor que fue reemplazado por Michael J. Fox en Back to the Future (1985). El director Robert Zemeckis sentía que la actuación de Stoltz era demasiado dramática y seria para el tono cómico de la aventura. Sin embargo, Eric se quedó arraigado a las bases de la película… o, mejor dicho, a las bases económicas.
Volver a filmar cinco semanas completas de producción duplicaba los costos de los especialistas, la gasolina y el alquiler de locaciones. Para optimizar el presupuesto extra que Universal Studios otorgó para las nuevas filmaciones, Zemeckis decidió ser práctico y reciclar metraje de acción donde el rostro del conductor no fuera identificable. Algunas de estas tomas forman parte de la tensa secuencia en el estacionamiento del Twin Pines Mall cuando Marty escapa de los terroristas libios. En los cortes rápidos de la edición, se utilizaron planos que pertenecían a la filmación original con Stoltz. Específicamente, el plano cerrado donde la mano de Marty golpea con fuerza la palanca de cambios del DeLorean, y el plano medio donde el conductor se agacha rápidamente mientras las balas rompen los cristales, no pertenecen a Michael J. Fox, sino a Eric Stoltz (o a su doble de riesgo de esas semanas).
Otras teorías más divertidas mencionan que Stoltz realmente viajó en el tiempo y se aseguró de aparecer en el montaje final para que, años más tarde, artículos como este hablaran de ello. Quién sabe... los misterios están allí fuera.
Cyberdyne Systems presenta: Cine guerrilla
No todos los gigantes de la industria nacieron con presupuestos infinitos. Cuando pensamos en James Cameron, de inmediato se nos vienen a la mente producciones colosales, historias épicas y efectos visuales revolucionarios. Sin embargo, sus inicios estuvieron muy lejos de esa comodidad. Cuando Cameron comenzó a rodar The Terminator (1984), era un director casi desconocido con un presupuesto ajustado de solo 6.5 millones de dólares; una cifra verdaderamente minúscula para la ciencia ficción de la época.
Para optimizar los recursos y evitar los altos costos de las tasas municipales, seguros y equipos de seguridad, Cameron y su equipo filmaron gran parte de las escenas nocturnas en las calles de Los Ángeles de forma totalmente clandestina. Era el Viejo y conocido “cine guerrilla”. El método de trabajo requería precisión absoluta para estacionar una furgoneta oculta, bajar la cámara a toda velocidad y hacer que Arnold Schwarzenegger realizara su escena en la vía pública frente a peatones reales que no entendían qué estaba pasando. En cuanto el director gritaba "¡Corte!", subían todo de nuevo al vehículo para retirarse antes de que aparecieran las patrullas locales.
El mejor ejemplo de este ingenio ocurre en la escena donde el ciborg rompe la ventanilla de un automóvil para llevárselo. En la toma se puede ver a Schwarzenegger mirando con desconfianza hacia ambos lados de la calle de forma muy intimidante. Años más tarde, Cameron reveló que el actor no estaba interpretando la frialdad del robot en ese momento, sino que estaba vigilando genuinamente que no apareciera la policía real para arrestarlos. Además, el auto vandalizado pertenecía al personal del equipo técnico de la película, ya que no había presupuesto para costear un vehículo de utilería.
Gremlins vs. Furby: El pacto secreto
En las navidades de 1998, el mercado global de juguetes fue testigo del nacimiento de un fenómeno comercial sin precedentes: el Furby. Creado por Tiger Electronics, este tierno robot interactivo vendió millones de unidades en cuestión de semanas. Sin embargo, su fisonomía encendió de inmediato las alarmas legales en Hollywood debido a su asombroso parecido con Gizmo, el icónico y adorable Mogwai de la película Gremlins (1984).
Warner Bros., el estudio dueño de los derechos de la obra de Joe Dante y Steven Spielberg, vio una clara coincidencia estética y notificó formalmente a la multinacional Hasbro (que acababa de adquirir Tiger Electronics) sobre posibles acciones legales por propiedad intelectual. Para evitar un conflicto público que empañara el gran lanzamiento navideño del juguete, los equipos legales de ambas compañías se sentaron a conversar con mucha discreción. El resultado fue un acuerdo extrajudicial estrictamente confidencial donde Hasbro transfirió a Warner Bros. una suma de siete cifras y aceptó modificar los moldes de las orejas y los ojos en las siguientes generaciones de Furby para distanciarlos visualmente de la criatura cinematográfica.
Lo más llamativo de esta historia es que, como parte del trato, Hasbro utilizó sus propias fábricas en el año 2000 para lanzar una edición limitada oficial llamada el "Gizmo Furby". Este muñeco reproducía las líneas de diálogo y la voz real del personaje de la película, transformándose con el paso del tiempo en uno de los objetos de colección más cotizados y buscados por los cinéfilos.
El monstruo Wampa: Más que aterrador… pegajoso
Mucho antes de que la industria resolviera cualquier desafío visual mediante el uso de pantallas verdes, azules o grises, el ingenio artesanal era la principal herramienta para solventar las necesidades de la cámara. Un gran ejemplo de esto ocurrió durante la trilogía original de Star Wars, donde los efectos especiales prácticos de Industrial Light & Magic (ILM) dependían de soluciones caseras sumamente creativas para engañar al ojo del espectador.
Esta filosofía quedó inmortalizada en la secuencia inicial de Star Wars: Episode V - The Empire Strikes Back (1980). En esa escena, Luke Skywalker se encuentra capturado y colgado del techo en la cueva helada del imponente monstruo Wampa. En un plano específico, se observa al gigantesco depredador devorando los restos de su presa, un dócil Tauntaun. Para simular la carne congelada, los tendones y la viscosa sangre alienígena dentro de la caverna, el equipo de efectos prácticos rellenó moldes de silicona con una receta muy particular que incluía grandes barras de chocolate comercial mezcladas con mermelada de frambuesa y tintura comestible industrial.
El verdadero desafío surgió con el clima del set. Aunque en la pantalla todo simulaba ser el gélido y desértico planeta Hoth, los potentes focos de iluminación del estudio generaban temperaturas altísimas. Esto provocaba que el chocolate y la mermelada se derritieran rápidamente sobre el pelaje del traje del actor, despidiendo un intenso olor a dulce concentrado que impregnó todo el escenario durante varios días de filmación. Sin duda, una dulce experiencia... aunque un tanto pegajosa.
Amor de tortugas en la mesa de sonido
El legendario diseñador de sonido Gary Rydstrom ganó dos premios Óscar por su revolucionario trabajo en Jurassic Park (1993), marcando un hito en la industria cinematográfica al darles voz a criaturas que llevaban 65 millones de años extintas. Sin embargo, el método artesanal para lograrlo dejó una de las anécdotas más curiosas y comentadas del cine contemporáneo.
El guion de la película requería que los Velociraptores se comunicaran entre sí mediante silbidos y ladridos rítmicos, especialmente para la icónica y tensa escena de la cocina donde cazan a los niños. Con esta misión en mente, Rydstrom pasó meses recorriendo zoológicos y grabando a diversas especies en busca de frecuencias exóticas. La sorpresa llegó cuando el diseñador descubrió el tono perfecto de la forma menos apropiada al grabar a dos tortugas gigantes de las Galápagos durante su apareamiento en el parque Marine World de California. Según explicó el propio Rydstrom, estos reptiles suelen ser completamente silenciosos en su día a día, y el único momento en el que emiten esos chillidos rítmicos y rasposos es, precisamente, en la intimidad de su cortejo.
Para complementar la fauna de la isla, el temible rugido del Tiranosaurio Rex tampoco fue un producto digital. Se trató de una mezcla ralentizada que combinó el llanto de un elefante bebé, un caimán americano gruñendo en el agua y los soplidos de un tierno perro Golden Retriever de la producción mientras jugaba felizmente por ahí. Si algo ha aprendido Gary en todo este tiempo, es cómo fabricar sonidos de la nada... y a no interferir en las alcobas ajenas.
Conclusión
Como verás, la magia del cine no solo se encuentra en lo que se proyecta en la pantalla, sino en cada pequeño detalle de cómo se logra hacer posible aquello que parece inalcanzable. Cada producción es un microuniverso de creatividad, ingenio, tensión e incluso incertidumbre; pero nada de eso quita que la experiencia final sea inolvidable.
La próxima vez que disfrutes de tus clásicos favoritos y sientas que "puedes ver los hilos" de los efectos especiales, recuerda que detrás de ese segundo en pantalla hubo algún productor, editor o asistente muy estresado que intentó solucionarlo con lo que tenía a mano.
Por eso, por más cine guerrilla, por más trucos artesanales y por más arte de contar historias sin cortes, hoy te decimos: disfruta de esa gran película que llamas vida y da lo mejor de ti en cada escena.
¡Hasta el próximo artículo! Pero por ahora... ¡corte! ¡Se imprime!
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